Helechos de viaje


 

“Ahora nada de pánico, son helechos

de viaje, reúnen el tiempo

y lo agravillan, los helechos

tienen su propio calendario, lágrimas

y lluvia y un poco de luz de sol tan negra

como cuando limacos la llevan

por ahí; oh, escucha los abanicos

tranquilos y los segundos marrones más bajos

de las esporas que tictaquean

aú, tal ver recuerden

lo escondidos que estábamos,

lo escondidos en lugares adonde

nunca llegó un ser humano, allí estábamos,

antes de que finalmente naciésemos

y saliésemos gateando; miro

hacia atrás inquieta y la nieve,

que cae aquí esta mañana

tan tenue, se despierta con cuidado

y se derrite, un prado se extiende

con avefrías, caminas

siguiendo el sonido, cruje

gélidamente el hielo, justo

como cuando una vez las lágrimas

se iban a machacar como perlas y derramarse

sobre el enfermo, finalmente

el cuerpo deviene tan salado que su

larga historia disuelve

el espejo, unas plumitas de un

cojín que mi madre debió haber sacudido

desaparecen y la infancia

se extiende ante mí, junto a

la ventana un rayito de sol

se coloca en su lugar en la cortina

dieciséis de junio, por la tarde”

Poema de Inger Christensen de su poemario Alfabeto

 

 

 

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