El tiempo es un desvarío de la sombra

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En cambio yo tenía todas las palabras

queriendo abrirse camino hacia su frente

y detonar en la lucidez de los recuerdos.

Aguardaba el momento y el margen de abandono

para horadar silencios

y ensayar un lenguaje compartido

Creía en la remisión de los instantes,

en la eterna corriente de los ríos,

en el equilibrio de la luna.

Tenía que decirle…

Pero seguía demorando mis señales

anclada en la consistencia de lo efímero.

Y era tan sutiles los estambres,

tan frágil la condición de las esperas

que no supe ver cómo se rompían

las hebras del deseo

y se rasgaba la trama

donde habíamos tejido nuestro acuerdo.

A veces me consuelo

pensando que lo sucedido alguna vez

sigue sucediendo siempre,

que las cosas duraderas

están más allá de la memoria.

El tiempo es un desvarío de la sombra

y lo que nunca le dije,

porque, callada,

esperaba la hora propicia de las confidencias,

es esta confesión latente

que agita la irreversible certidumbre del silencio.

Teresa Martín Taffarel: A quien corresponda

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