Una visita a Essaouira y a los pueblos del Atlas

Essaouira, la antigua Mogador, es una ciudad ubicada en la costa atántica, situada a 180 km de Marrakech. Su medina, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2001, es mucho más tranquila y ordenada que la de Marrakech. Sus calles, aunque estrechas, tienen un trazado más regular, algo que nos choca después de vivir la intensa experiencia de la gran medina de Marrakech.  El mágico influjo de la brisa marina lo inunda todo y le da un aire más relajado y alegre a sus calles y a sus comerciantes. Los vientos alisios, que tan bien conocemos en Canarias, convierten sus playas en un atractivo para la práctica de deportes acuáticos como el surf, un reclamo presente en muchos negocios de la ciudad.

Si el rojo es el color de Marrakech, en Essaouira el blanco y el azul nos remiten a una historia compartida, a los múltiples puntos de encuentro que han existido entre las distintas culturas atlánticas y mediterráneas. ¿Cuántos pueblos de nuestras costas y de toda la costa mediterránea tienen el azul como su color emblemático?

 

Toca volver al rojo onmipresente del interior de Marruecos y acercarse a alguno de los pueblos del Atlas y sus casas de adobe construidas en las laderas de las montañas. El rojo contrasta con el intenso verde producto de las nieves del Atlas. A lo largo de los riachuelos la vida fluye con intensidad, aunque su calma se transforma en ocasiones en tragedia, cuando se producen inundaciones favorecidas por una orografía que hace que el agua muestre su lado más fiero y destructor. En el verano se produce una auténtica peregrinación local a la búsqueda del frescor de las corrientes de agua que manan del Atlas. En algunos de los lugares más emblemáticos, en los que existen singulares saltos de agua, las idas y venidas de gente son constantes. Encontraremos numerosos lugares de comida en los que se puede comer dentro del propio río. Sin duda un placer disfrutar de una buena comida mientras mantenemos nuestros acalorados pies en remojo.

 

Algo que llamó mi atención y que sentí no haber podido profundizar un poco más, es el gran número de cooperativas de mujeres relacionadas con la venta del famoso aceite de argán, utilizado desde hace siglos en la medicina tradicional bereber.

Desconozco si toda la producción o sólo la venta está controlada por estas cooperativas y cuál es su funcionamiento exacto. Al parecer cuentan con ayudas y subvenciones del Gobierno para el envasado de los productos cosméticos que elaboran. Pero ni el tiempo ni el idioma me permitieron conocer un poco más sobre estas cooperativas de mujeres. Es el gran hándicap de quienes sólo chapurreamos otra lengua. Las mujeres se encargan de recoger los frutos del árbol del argán, una vez eliminada la cáscara que las cubre proceden a machacarlas con cuidado para obtener la almendra. A continuación, si el aceite es para uso doméstico las tuestan y muelen. Si es para uso coméstico la almendra se deja sin tostar. Para separar el aceite de la masa le echan agua y así obtienen finalmente el aceite de argán. El dinero que obtienen de la venta de productos se invierte en la formación de las mujeres de la cooperativa, muchas de las cuales son mujeres solas con responsabilidades familiares (solteras, viudas, divorciadas).

 

Valle de Ourika, Marruecos