“Cambié mi aliento en el aire

por dos pies en el suelo

y el pelo en las nubes.

Vendí todo mi yo adulto

y compré de nuevo

la licencia para soñar”.

Ane Santiago


Qué pavorosa esclavitud del isleño,

yo, insomne, loco, en los acantilados,

las naves por el mar, tú por tu sueño.

Gerardo Diego

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Toma aliento y camina, camina con tu futuro llanto a cuestas, con el pesado fardo
de tus sombras; lima con fiereza los afilados dientes de días venideros. La fatiga rondará
tu garganta, pero no podrá degollarte
porque sabes que volviste a vivir el día siguiente
a la nada;
que el día después de lo improbable,
a ti, a mí,
nos bautizaron con agua
de cometa.

Rosa Marzal

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“Mas algo sucede, nos está destinado:

dar a luz la belleza altera el orden cósmico.

Y ya la tierra arde,

el fuego se licua,

y el agua se evapora

leal al viento mismo que a los dos

nos arrastra.

Como dijo Salinas, hay un suicidio alegre.”

María Jesús Mingot, Hasta mudar en nada

 

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Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.

Jaime Gil de Biedma

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Nos detendremos aquí

a esperar

a esperar que nada ocurra

que nadie nos encuentre

tomaremos el tiempo en un jarro

lo beberemos

se quedará quieta

mi voz y la tuya

estamos solos

Clarisse Nicoïdski, El color del tiempo

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Aunque la voz (su olvido

volcándome náufragas que son yo)

oficia en un jardín petrificado

recuerdo con todas mis vidas

por qué olvido.

Alejandra Pizarnik

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“Soñar, soñar el jardín desde el desierto,

impugnar el centro,

ese oscuro cetro del viento y la ceniza.”

Julia Otxoa, Jardín de Arena

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En cambio yo tenía todas las palabras

queriendo abrirse camino hacia su frente

y detonar en la lucidez de los recuerdos.

Aguardaba el momento y el margen de abandono

para horadar silencios

y ensayar un lenguaje compartido

Creía en la remisión de los instantes,

en la eterna corriente de los ríos,

en el equilibrio de la luna.

Tenía que decirle…

Pero seguía demorando mis señales

anclada en la consistencia de lo efímero.

Y era tan sutiles los estambres,

tan frágil la condición de las esperas

que no supe ver cómo se rompían

las hebras del deseo

y se rasgaba la trama

donde habíamos tejido nuestro acuerdo.

A veces me consuelo

pensando que lo sucedido alguna vez

sigue sucediendo siempre,

que las cosas duraderas

están más allá de la memoria.

El tiempo es un desvarío de la sombra

y lo que nunca le dije,

porque, callada,

esperaba la hora propicia de las confidencias,

es esta confesión latente

que agita la irreversible certidumbre del silencio.

Teresa Martín Taffarel: A quien corresponda

Corpóreo: Las manos


La plegaria

Gravito alrededor de un sueño falso

Ya es hora…de afrontar lo que sea.

Lo que es. Seguir leyendo